Hoy sí, el último tramo que nos llevará irremediablemente al día de las elecciones tiene sus días contados. Muchos dirán “al fin”, y otros sinceramente les importará un comino que estas campañas permanentes y de largo recorrido lleguen a su término.
El adagio popular lo sentencia mejor: “la costumbre se hizo tradición”, y es que de muy poco vale el Código Electoral ni el ente que rige los comicios para evitar que los partidos políticos violen normas tan básicas cómo el no pintar propaganda o el de no iniciar campañas anticipadas.
En enero apenas daba arranque “oficial” la campaña para diputados, y las luchas campales por ver quien pintaba más postes dejó varias decenas de activistas y agentes municipales lesionados ¿Y el Tribunal que hizo ante estos hechos? Nada.
Ahora el problema se centra en que no pueden ponerse de acuerdo para elegir una agencia de publicidad que lleve acabo la campaña que educará a la población cómo votar en las papeletas para elegir diputados. Hasta el propio Presidente de la República dijo desconocer cómo hará para marcar la papeleta.
El siguiente paso
Esta será la primera elección en la que se introducirán cambios sustanciales que tienen como objetivo romper ese cerco que impedía al votante elegir libremente el diputado o diputada de su preferencia.
La lucha no ha sido fácil para los movimientos y organizaciones de la sociedad civil que empujaron dichas reformas, debido a que las cúpulas partidarias hicieron hasta lo imposible para que este logro no se concretara.
Y por lo visto hasta ahora, seguirán en esa línea de acción para que la gente se confunda y decida finalmente votar por la bandera. Ese es el sueño y el deseo de ellos, el cual por cierto les podría salir muy caro, ya que si no agilizan la campaña que enseñará al electorado en cómo marcar la papeleta, lo que obtendremos será un porcentaje elevado de votos nulos o impugnados.
Si a esto le sumamos la porción del electorado que sencillamente no acude a las urnas, tendremos como fruto un Congreso integrado por diputados totalmente deslegitimados por la poca representatividad que significaron los votos con los que ganaron sus cargos.
Con estos antecedentes, creo que el TSE ha terminado de cavar su propia tumba. Al ser un organismo colegiado integrado por los mismos partidos políticos, no tienen ni la solvencia, ni las agallas suficientes para impartir orden, mucho menos justicia.
Ya es hora para que la siguiente generación de reformas vaya encaminada a despolitizar el máximo ente en materia electoral.
Necesitamos que los mejores hijos de la Patria, gente proba y desligada de todo rastro partidario asuma la tarea delicada de dirigir los procesos de donde elegimos nuestras autoridades. Los políticos asumieron ese rol, y demostraron ser un fracaso total. Tuvieron la oportunidad de mostrarnos que podían con el paquete, pero ante sus reiterados errores, prefirieron ignorarlos al mejor estilo de aquellos graciosos monitos que encontramos en los mercados de artesanías, que cubren sus ojos, bocas y oídos….así es: ciegos, sordos…y mudos.
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