Que Latinoamérica esté girando a la izquierda no es algo nuevo ni nada que sorprenda. Aunque los triunfos de partidos que profesan esta vertiente ideológica se han repetido constantemente en los últimos años, no fue hasta el gane de Daniel Ortega en Nicaragua que la derecha salvadoreña encendió las luces de alarma.
Temiendo que esa victoria se replicara en su propio patio, la derecha en su conjunto hicieron hasta lo inimaginable con tal de evitar que el FMLN llegará al poder. Ese fin obviamente no se logró, y ahora el país es gobernado por una organización claramente izquierdista.
Aunque esto último es motivo de suspicacias gracias a la cada vez más tensa relación que existe entre el presidente Funes y el partido que lo propuso. Pero bien, ese matrimonio por conveniencia lo dejaremos en el congelador (momentáneamente) para tratar un tema más espinoso: el futuro de la derecha en El Salvador.
Arenas movedizas
Empecemos por una pregunta elemental: ¿qué hubiese sucedido si ARENA conquistaba por quinta vez consecutiva la Presidencia de la República? Sencillo: Tony sería un héroe nacional (para los areneros) Guillermo Gallegos habría fundado una empresa para clonar a Saca, Mauricio Funes quizás seguiría con sus entrevistas “punzantes”…en Brasil, y en el FMLN las bases estarían pidiendo a gritos más “territorialidad” y mejor juicio para elegir (en la próxima) a un candidato “cien porciento rojo”.
Así es la vida, todos sabemos quien fue el primer hombre que puso un pie en la luna, pero nadie se acuerda quién diablos fue el segundo (ni nos interesa).
Ven cómo sería el panorama actual si el orden de los resultados fuera diametralmente inverso. Aunque siendo honestos en este punto, el cisma que se hubiera desatado en el FMLN no sería tan traumático como el que atraviesa en estos momentos el partido tricolor. Y es que perder el poder resultó ser un trago demasiado amargo para ARENA…se acostumbraron tanto a el, que sin este la vida les parece no tener sentido.
Y no tiene sentido por la eterna lucha de intereses y de egos que han habitado siempre en el redil tricolor. Mientras ARENA ostentaba el poder, sus ahora detractores no les incomodaba ser peones de la “oligarquía”, sin embargo hoy son estos los que arremeten en contra de esta, esgrimiendo el típico discurso de lucha de clases de la izquierda.
Hasta el ex presidente Saca dijo que su expulsión del partido se debió a que no permitió seguir siendo el “cuidandero” de la finca. Vaya respuesta, sólo le faltó decir que no sería mozo de las catorce familias.
Estas críticas o acusaciones plantean una difícil encrucijada para un partido que fue grande en la victoria, y pobre en la derrota. Menciono lo anterior porqué si fuera Cristiani, me preocuparía en demasía, ya que detrás de ARENA se encuentran expectantes los cadáveres políticos del PDC, PCN, PRUD y Pro Patria (todos ex partidos de gobierno).
Y después de ARENA…GANA
Creo que nadie que lee estas líneas imaginó un desenlace como el que hemos visto en los últimos meses en ARENA. Algunos pensábamos que sabrían asimilar la derrota para reposicionarse como una oposición fuerte, vigorosa y pensante. Cuan errados estábamos.
Si quisiéramos buscar culpables por la derrota y la debacle de ARENA, la culpa tendría que caer principalmente en Elías Antonio Saca. No hay más, sin embargo quienes critican a Cristiani y compañía, no ven en Saca el problema, sino la víctima y la solución (aunque no lo digan abiertamente).
Cristiani tomó las riendas del partido gracias al consenso de los demás ex presidentes (incluido Saca), por ende con el respaldo necesario para reestructurar el partido. Si hacemos memoria, fueron ellos quienes se reunieron con las estructuras para indagar su pensar respecto a la conformación de la nueva cúpula.
Las bases lo que pidieron en ese momento era que ningún funcionario público fuera parte del Comité Ejecutivo Nacional, y que los miembros que lo conformaran, poseyeran sangre nueva. Pues bien, sus deseos fueron cumplidos al pie de la letra.
No obstante estos cambios, la guerra estaba declarada. Los resentimientos por el pésimo manejo de la primarias mantenían heridas sin sanar, y estas a su vez buscaban afanosas a los culpables de haberlas infringido.
Fue entonces cuando surgió la célebre frase de Acosta Oertel: “nada que huela a Saca”. Dicho y hecho, la estructura dejada por Saca empezó a ser descabezada sin piedad, en parte porque se sospechaba que Tony quería seguir mandando para optar nuevamente a la Presidencia de la República.
A raíz de esto el Partido quedó literalmente “partido” entre “saquistas” y “reformistas”, “expertos” y “novatos”, y lo que es peor: entre “ricos” y “descalzos”.Con el cáncer de la división circulando por las venas areneras, sólo fue cuestión de esperar para que la bomba explotara.
Y esta explotó…sí, a menos de veinticuatro horas de realizada una convención en donde se declararon “amor eterno” los hoy “enemigos íntimos” de Cristiani y Saca.
Increíble, pero cierto: la otrora indestructible ARENA caía finalmente abatida en una emboscada de ataques, divisiones, intrigas, y chambres. Como resultado de la crisis generada, la fracción arenera en el Congreso perdería 13 diputados que proclamaron su rebeldía e independencia del Coena.
Lo que surgió después fue una constante sangría de deserciones creadas para debilitar la maltrecha unidad tricolor, y para fortalecer lo que será el “alter ego” de ARENA: GANA.
Un futuro incierto
Desde que ARENA fue expulsada del paraíso, los salvadoreños hemos visto de todo: dirigentes “suicidados”, ex presidentes expulsados, alcaldes en rebeldía, diputados en desbandada, y un partido “ganoso” (como lo dijo Cristiani) de querer usurpar el trono perdido.
Si ARENA y GANA no cesan ese “canibalismo” político que los tiene enfrentados, ambos podrían perder más de lo que pretenden ganar, ya que no solamente deben luchar en contra de un FMLN cada vez más fuerte, sino contra la historia misma.
En el caso de ARENA, deben demostrar que siguen siendo opción de poder, y con GANA, el reto que afrontaran será cargar con el lastre de ser un partido nacido de una división.
Para ARENA, el seguir siendo opción de poder implica: modificar el mensaje, la visión y sobre todo los intereses que los mueven. Ya no basta con ser los defensores de las libertades, cuando está más que comprobado que estas sirvieron en algunos casos para acumular riqueza en pocas manos.
Insistir que El Salvador será una tumba para los “rojos” ya no tiene sentido. En política la mejor arma para combatir las ideas, son las ideas mismas, no las balas ni las arengas belicistas.
Ser un partido incluyente -cómo dicen serlo- pero de verdad. Atrás deben quedar los “motes” de ser un partido de y para los ricos, o de oportunistas que vieron crecer sus “fortunas” a expensas del dinero de todos.
Ese será el gran desafío para el principal partido de oposición, que aún con sus errores, crisis y desgastes, sigue siendo hasta este día una fuerza política importante para quienes se sienten representados por la derecha salvadoreña. Obviamente no es la única, tanto el PCN, PDC y los partidos en formación PP Y GANA, completan el resto.
Con ellos (PCN, PDC) el problema o el desafío para “repuntar” se antoja mayor, debido a que sus dirigencias y “figuras” están seriamente desprestigiadas y cuestionadas por la población.
De GANA y los demás partidos en formación no se puede decir mucho, la historia ha sido muy categórica y explícita respecto al futuro de este tipo de organizaciones.
Finalmente: ¿a qué juega la derecha? Hasta este momento a flagelarse y a seguir buscando culpables. A estos últimos los conocemos, pero de nada sirve señalarlos sino se enmiendan los errores de fondo, que al fin de cuentas fueron los determinantes que orillaron al electorado a darles la espalda.
Últimos comentarios