La palabra cinismo está descrita en el diccionario de la RAE como “desvergüenza en el mentir”. Hay otras acepciones, pero yo me quedo con esta por ser sencilla y concisa.
El cinismo es un defecto que pone de manifiesto la carencia de una cualidad muy importante y vital: la honestidad. Ser honesto consiste en expresarse y comportarse con coherencia y sinceridad, por eso cuando actuamos con cinismo no estamos haciendo otra cosa que desfigurar y lesionar nuestra credibilidad ante los demás.
Desgraciadamente esta “actitud” rastrera se extiende en la actualidad como un cáncer invasivo que no distingue colores, credos ni condición social.
Desde pseudo líderes religiosos que se “venden” como redentores de rebaños “perdidos”, estafadores, o los ya famosos y tristes políticos que engañan con “verdades” cargadas de falsedad; todos ellos, por muy distintos que sean sus intereses, se abocan al cinismo para engañar y manipular la buena fe de las personas.
Algunos ejemplos
Si hay un cínico que actúa en contra de sus principios éticos, para luego alardear su proceder como forma de justificación, ese es sin duda el líder religioso. Llámelo como quiera: pastor, guía espiritual, cura,etc,etc. Ellos como portavoces de decálogos de decencia, deberían ser los primeros en dar el ejemplo de lo predican, sin embargo no lo son (aunque debemos aclarar que no son todos).
En occidente el cristianismo (en sus diversas vertientes) es la religión que más adeptos ostenta. Y esto se debe básicamente a Jesucristo, quien se mantiene vigente hasta nuestros días gracias a que su vida y su accionar en la tierra fueron coherentes con lo predicaba. Nunca hubo en Él un doble rostro, ni un atisbo que lo retratara como farsante.
Por eso me pregunto que pensaría Jesús (quien hiciera su entrada triunfal a Jerusalén montando un humilde burro) al ver como algunos oportunistas de Su Palabra se pasean en limosinas, viajan en primera clase, o viven como reyes en palacetes construidos a base de los diezmos que ofrendan sus atribulados feligreses.
Algunos de ellos predican amor por el prójimo, y son los primeros en despotricar y arremeter en contra de aquellos que no profesan su religión. Otros juran fidelidad hacia Dios, y le fallan obscenamente cuando abusan sexualmente de niños, jóvenes y mujeres. Otros más exhortan a sus seguidores a no caer rendidos ante las garras del materialismo, sin embargo no se ruborizan al ser vistos con Rolex de cincuenta mil dólares, trajes de diseñador o con la última Rage Rover del mercado.
La carne es débil
Hace muchos años un tele predicador protestante muy famoso en los Estados Unidos,arremetió en contra de dos pastores de su congregación por haber mantenido relaciones extramatrimoniales.
¡¡Wow!! Diría usted ante semejante muestra de valor y honestidad, sin embargo este arrebato de pundonor sería sólo un espejismo, ya que al poco tiempo de la denuncia, uno de los pastores “humillados” se vengaría mostrando varias fotografías del predicador en compañía de una prostituta.
Como sabrá intuir, el escándalo que se desató por la revelación fue gigantesco. Ante tal bochorno, al “famoso” predicador le fue suspendido su programa televisivo por tres meses. Cuando este finalmente pudo dar la cara a su familia y a su tele auditorio, les dijo con los ojos llenos de lágrimas lo siguiente: “He pecado contra Ti, mi Señor, y pido que tu preciosa sangre lave y limpie cada mancha hasta que esté en los mares del perdón de Dios”.
Lindas palabras de arrepentimiento ¿verdad? Sí, pero muy huecas. Tres años más tarde era descubierto nuevamente en una carretera de California con otra prostituta. Los policías que lo descubrieron en esa ocasión, le preguntaron a la ramera porqué acompañaba al ilustre pecador, y ella les respondió: “me pidió sexo, digo, por eso es que se detuvo frente a mi, eso es lo que hago”.
En esta ocasión ya no habría arrepentimientos lacrimógenos ni palabras colmadas de dolor, al contrario, les diría en tono arrogante a sus seguidores que “el Señor le manifestó que no era asunto de ustedes”. Vaya, vaya, que respuesta. Misma posición adoptó hace muy poco un sacerdote católico (caído en desgracia) que se hizo muy famoso gracias a un talk show y a sus relaciones con el “star system” de Miami.
Ahora entienden por que son cínicos por excelencia.
Jesús es Verbo… no sustantivo
Hace pocas semanas la Universidad Centroamericana (UCA) publicó una encuesta denominada “la religión para las y los salvadoreños”. El estudio en mención nos muestra una radiografía muy fiel respecto a las creencias religiosas de los habitantes de este país.
Al observar los resultados podemos afirmar sin vacilación que El Salvador puede ser acusado de cualquier cosa, menos de ser un país ateo. Veamos un par de datos: El 50.4 % porciento declaró ser católico, el 38.2 evangélico, otro 99.5 dice creer en Dios, y finalmente un reducido 8. 9 % dice no tener ninguna religión (lo que no significa que no crean en un ser supremo). Con esta pequeña muestra, podríamos inferir que El Salvador es una nación en donde se respira tranquilidad, respeto y armonía social.
Sin embargo no lo es. Uno de los principales mandamientos de la Ley de Dios ordena no matar, lo cual no se traduce en menos homicidios para un país tan cristiano como el nuestro, en donde mueren un promedio de 13 personas diarias. Si ese índice de muertes continúa hasta el final de este año, El Salvador obtendrá el vergonzoso puesto de ser uno de los países más violentos del mundo con 72 asesinatos por cada cien mil habitantes.
Sin lugar a dudas estas cifras nos gritan que algo está fallando, y es aquí cuando surgen las mil preguntas sin respuestas. Unos le achacan este fallo al sistema, otros a la falta de valores, a la desigualdad de clases, al desempleo, a la guerra, y a un largo etcétera.
En lo particular pienso que los responsables de la crisis social que nos azota somos todos. De nada sirve echarle la culpa de nuestras desgracias al gobierno, ni de soñar con resolverlos mediante fórmulas mágicas o remedios milagrosos.
Propuestas vienen, estudios van, y la situación sigue igual. En su momento varios diputados de nuestro ilustre Congreso plantearon la idea de leer La Biblia en las escuelas como una solución a la falta de valores que nos aqueja. Muy noble la propuesta, sin embargo no sirve de nada. Volvamos a la encuesta de la UCA para explicar porqué.
Si sumamos todos los porcentajes de quienes profesan su fe en Cristo, obtenemos un 84. 6 %, una cifra altísima comparada con otros países menos afectos a las religiones.
El Salvador es en la actualidad un país fértil para la proliferación de iglesias (en su mayoría protestantes), algunas de las cuales rayan en el sectarismo y la charlatanería. Es triste, ya que en un país con tantas necesidades y desigualdades, fundar una iglesia equivale en el peor de los casos a crear nuevos imperios para quienes las dirigen.
Con esa visión mercantilista de la fe, es casi seguro que el mensaje que se predica en esas casas de oración se quede atrapado allí, y no trascienda a la sociedad, que es donde importa.
Aunque debemos ser muy sensatos: el principal responsable de cumplir con la Palabra de Dios es de quien asume el compromiso de serle fiel, en este caso el 84.6 porciento de los salvadoreños.
¿Entonces, si somos tan cristianos, porqué somos una sociedad tan marcada por la violencia, la corrupción, la envidia, el odio y un largo e infinito etcétera? Sencillo, por el cinismo y la falsedad de quienes dicen llamarse cristianos.
El cristianismo es un estilo de vida, no un juego de apariencias. Las enseñanzas de Jesús no se cargan los domingos en una Biblia, en un crucifijo, ni se repiten de memoria… se ponen en práctica. Ahí está la respuesta, la diferencia y la solución.
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